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Como lo oís. Estoy segura de que era él. Y aunque esta vez no consiguiera verlo, tarde o temprano lo lograré. ¡Hombre que si lo haré! ¿Acaso voy a tener alguna vez en mi vida una oportunidad mejor? No. Pues por activa o por pasiva, en un discurso o en la calle, pero tengo que verlo.
Y ayer estuve a puntito. Casi seguro. Volvíamos de andar en kayak por el Potomac cuando empezaron a llegar varios coches tipo 4×4 con los cristales tintados y antenas en el techo. Todo esto debajo de un puente, en una casa residencial normal y corriente. Cada uno aparcó en una esquina y hombres de traje, gafas de sol y pinganillos empezaron a salir y a situarse en el terreno. “¿Qué será este despliegue? ¡Igual viene Obama!”, nos dijimos cachondeando un rato. Y en esas llegó una limusina blanca, y un ejército de periodistas, y más coches de la policía y algún curioso que también pensó que podía ser el Presidente. Yo ya saqué la cámara y me puse a dar vueltas con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Inocente! Tanto, tanto, que llegó un coche con una mujer y dos niñas negras y yo ya pensaba que era Michelle…

Ahí es cuando fui consciente de que más nos valía preguntar. No vaya a ser que perdiéramos la tarde esperando a nadie. Y por unanimidad, la que tuvo que acercarse a la policía fue la mendas, la estudiante de periodismo, claro. Así que crucé la carretera mientras un grupo de 5 policías miraba con cierta desconfianza cómo me aproximaba. Según Laura, Franco y los brasileiros hacía ya media hora que nos habrían escaneado la retina y sabían quiénes éramos. Además de haber estado escuchando y traduciendo nuestras conversaciones al instante.

Les dije algo así como…

-Hi! What’s exactly going on here?

Y yo, que ciertamente esperaba una contestación seca tipo “no podemos dar información”, me quedé a dos velas cuando el más joven me dice “nothing” mientras se agarra las manos y mira hacia otro lado. ¿¡¿Nothing?!? ¿Y por nothing montan esta parafernalia? ¡Si algo esta claro es que something pasa! ¡Decirme que nothing sólo hace que todo me intrigue más!

Pero en fin, por desgracia volví al grupo con las manos vacías. Decepcionante. Voté por quedarme el tiempo que hiciera falta, pero el griterio popular optó por ir a Georgetown, así que seguí a la masa. Aunque no sin volver después a ver cómo se habían desarrollado los acontecimientos. Todo igual. Pinganilleros hablando por el móvil y revisando papeleras, periodistas con acreditación jugando a pasarse una pelota de rugby, y los mismos policías que dicen que nothing pasa. Así que muy a mi pesar, una vez llegada la noche y la hora de cenar, hubo que admitir que nothing pasaba. Que ese primer intento de ver a Obama, aunque sea un segundín, se queda en nothing… Pero no me doy por vencida. El día llegará, ¡vaya que si llegará!

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