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Día 1

5:00 am. Bip-bip-bip. Suena el móvil. “Será alguno de estos llamando para dar la murga” pienso. No puede ser que ya sean las cinco. Pero miro el reloj y descubro que lo son, que lo que suena es el despertador. ¡Y parece que llevo un cuarto de hora durmiendo! Ayer estuve hasta tarde de charleta/fiesta en una de las habitaciones y apenas he dormido tres horas. Pero no importa, hay tiempo para todo.

Cojo la maleta y salgo con Franco, uno de los argentinos, para coger -mejor digo “tomar” por si me lee- el metro y llegar a la estación de bus. Que de estación nada… Aquí todo lo que hay es una señal de la compañía con la que se viaja. Llueve. Por primera vez desde que estoy aquí, y precisamente el día en el que me voy a Nueva York. Argh y más argh. Franco sujeta el paraguas que dentro de un rato perderé, y la verdad es que barre para casa y me cae todo el agua. Pero no importa, ¡voy a Nueva York!

Llegamos en 5 horas que pasan rápido, durmiendo cómo no. Mi primera impresión es… Algo chof. Todo parece muy grande, muy gris y muy mojado. Pero más tarde descubriré que es por la lluvia. Que NYC me encanta. No para vivir; para eso la verdad es que prefiero Washington. Pero para pasar el fin de semana o unos meses de una vida, y sobre todo, para sacar fotos, es genial.

El hostal está en Harlem y nos pone algunas trabas. Estamos todos en habitaciones distintas y tenemos que esperar hasta las 2 para hacer el check-in. Comemos una basura de hamburguesa por 8 dolarazos para hacer tiempo. Ya he perdido mi paraguas -tiempo record- y he descubierto que me he dejado la memoria de la cámara en la resi. Pero no importa… ¡estoy en Nueva York!

Por fin salimos y empieza la exploración. ¡Ya era hora! Es 11-S, así que el World Trade Center es visita obligada. Pensaba encontrar algún acto oficial, velas, un discurso o algo de eso. Pero nanai. Sólo vemos algunas flores en las vallas que tapan las obras y gente con camisetas que dicen “9/11 was an inside job”. Hay un grupo de ellos reunido alrededor de una estatua así que nos acercamos. Pregunto a una mujer y me dice que creen que el Gobierno de EEUU organizó el ataque ayudado por otros países. Que han utilizado el 11-S como excusa para recortar las libertades de los ciudadanos. Bueno, no sólo que lo han utilizado, sino que lo organizaron. Le digo que me cuesta creer que un Gobierno mate a miles de sus ciudadanos para eso. Que una cosa es que cuando ha pasado se aprovechen de ello, y otra muy distinta organizarlo. Pero me dice que hay muchas cosas sin explicación que no se han investigado, como la caída de algún edificio cercano a las Torres Gemelas etc. Bien. Que todavía no haya una explicación convincente no quiere decir que fue el Gobierno. Esa es una posibilidad, como otras muchas. Pero nada, a la gente le gusta pensar mal e inventar historias lo más enrevesadas posibles. Y yo pensaba que era sólo ese grupo, pero resulta que todos con los que estoy en NY -incluyendo compañeros de viaje- apoyan la teoría de la conspiración. A la gente le gusta.

Dando la vuelta a lo que es la zona cero encontramos una placa en honor a los bomberos de NY. Está llena de flores, coronas y banderas. La gente se pasea dejando notas. Algunos lloran. Hay un par de soldados y también alguna cámara de televisión. Vemos el cambio de guardia de los policías que vigilan la placa y seguimos hasta el Site Memorial, una especie de museo sobre el 11-S.

Me quedo sorprendidísima con que haya que pagar. ¿No han pensado que queda fatal lucrarse con una historia así? ¿Con recuerdos de una desgracia? Y no sólo es que cobren la entrada… ¡es que tienen merchandising! No del día del atentado claro, pero sí del Memorial. Perritos de peluche, ponchos para la lluvia etc. Sin comentarios.

Pese a todo el sitio merece la pena. No sé si cualquier día, pero sí un 11S. Imaginar todo lo que pasó, ver los carteles que pegaron los familiares de las víctimas los días que siguieron al atentado, los mensajes que algunos escribieron desde los aviones etc. El lagrimal está al límite de su capacidad. Aunque pensar que todo esté estratégicamente dispuesto para eso te retiene un poco. Alguien ha diseñado el sitio teniendo los lagrimales en mente.

Para cuando salimos ya es de noche y Laura y Sebastián están a punto de llegar. No venían antes porque tenían clase, pero quedamos en juntarnos en Times Square. Franco me obliga a cerrar los ojos hasta que lleguemos al centro, donde tendré que dar una vuelta de 360º mirando hacia arriba. ¡Wow, wow, wow! Sin duda lo que más me gusta de NY. ¡Parece de día! Luces por todas partes, pantallas con publicidad, datos de la bolsa… Será carísimo publicitarse en un sitio así, pero tampoco entiendo el motivo, porque la verdad es que es imposible absorber tal cantidad de información. Uno ve el conjunto de luces, pero no un anuncio concreto. De hecho vemos tantas que nos refugiamos en un Friday’s a cenar con los franceses, que también han ido a NY este finde. ¡Buf! No estamos comiendo nada bien. Al terminar nos pesa la barriga, así que nos vamos a la cama.
Día 2

Empezamos fuerte. Paseando por Central Park nos para un policía. Pero relax. Sólo quiere echar un vistazo a la cámara de Laura y preguntarle dónde la ha comprado. Están locos estos americanos 🙂 Hay gente haciendo footing, mucha gente. Resulta que es una carrera. Alejándonos del recorrido llegamos al Metropolitan y echamos un vistazo sin llegar a pagar. No soy aficionada de los museos a menos que ya se conozca bien la ciudad donde están. Y claramente, yo no conozco NY.

Decidimos ir al edificio de Naciones Unidas. A tres de los cuatro que vamos nos encantaría dejarnos caer por ahí alguna vez por cuestión de trabajo, así que es uno de los primeros sitios en la lista de visitas obligadas. En la entrada tienen control de rayos X para los bolsos, detectores de metales y nada que envidiar al aeropuerto más seguro en el que hayáis estado. La seguridad impresiona, tanto que saco una foto… Pero “Hey, hey!! You must delete that photo now”. Así que nada, nos vamos adentro antes de que nos echen. Para nuestra desgracia no se puede ver gran cosa. Más que nada alguna exposición, pero al menos podemos decir eso de “he estado ahí”.
Comemos en un restaurante vietnamita de Chinatown, donde el camarero habla castellano, y paseamos por Little Italy. Son fiestas y el ambiente es veramente italiano. Estas callestienen sabor propio. Las típicas escaleras de incendios en las fachadas, guirnaldas con los colores de la pizza margarita, mil puestos de comida ¡y! la mujer serpiente. ¡Pasen y vean! Sólo por un dólar. Yo no pienso pagar, pero Laura y yo financiamos a Sebas, que se muere por verla. Vuelve muriendo de la risa, pero si le preguntamos que qué era no dice más que “un cuerpo de serpiente con cabeza de mujer”, así que el misterio queda sin resolver. Paseando y paseando llegamos hasta el puente de Brooklyn, pero sólo cruzamos hasta la mitad. Es decir, no cruzamos. Con ver las vistas nos vale. Estamos muy cansados y apenas hacemos más. Compramos una cámara para mí, y decido llamarla Giuseppe. Si la voy a cuidar como a un hijo necesita nombre. Caminamos un poco más, pero con tanta bolsa y el chispeo continuo no nos queda otra que volver al hostal.

Día 3

¡Aleluya! ¡Ha salido el sol! ¡Por fin podremos subir al Empire State! Así que intentamos darnos prisa porsiaca empieza a llover. Pero no lo hace, al contrario, las nubes se alejan por completo. Estreno mi cámara sacando fotos de las vistas de Manhattan. No puedo describirlas, en realidad es tal y como lo imagináis. Rascacielos, el Hudson, la estatua de la libertad en miniatura al fondo y los taxis que parecen de juguete abajo en la tierra. Eso sí, para verlo mejor ir un día de poca gente, porque vaya, yo acabo hasta los nervios de abrirme paso para ver algo.

Bajamos 86 pisos en unos segundillos de nada y comemos una pizza en la 5th avenue. Y oh, oh, se ha hecho tarde y todos se van a la estación. Me quedo sola, y sin duda quiero ir a ver la Estatua de la Libertad. Llamo a los franceses con los que voy a volver a las 9 para ver cuál es su plan, pero no responden así que voy sola en metro. Resulta que la línea está cortada y me obligan a bajarme en mitad del recorrido para montarme en un autobús que me lleva hasta el ferry. Cojo el que va a Staten Island y nada más pisar suelo vuelvo. No hay tiempo que perder. ¡Quiero sacar todas las fotos que no he podido hacer hasta ahora!

Voy con la maleta a cuestas y parezco cualquier cosa, pero con eso de que lleva ruedas hasta voy cómoda. Me da un poco de miedo retrasarme y no llegar a tiempo a la estación, o que con tanto cacharro que llevo colgando alguien me robe. Pero no me pasa nada. Camino por el puerto sacando fotos de Brooklyn y de su puente, paseo por él y a la vuelta voy de nuevo al World Trade Center. Ya está atardeciendo, y la luz anaranjada que se refleja en los ventanales de los rascacielos hace que la vista sea preciosa. Voy a Wall Street con intención de coger un metro a Times Square pero la línea está cerrada. ¡Vaya mierda de servicio! En fin, cojo otra línea, hago transbordo y al fin llego. Pero sin tiempo porque en media hora sale el bus de vuelta a Washington. Así que corro por Times Square sacando fotos, me entero de que en alguna calle cercana están dando un premio del mundo de la música y veo a Shakira en una pantalla gigante, pero no tengo tiempo de investigar. Compro un perrito caliente y llego al bus. Sana y salva. ¡Y con algunos minutos de sobra después de todo. ¡Qué bien sienta esto de ver que me manejo sola en una gran ciudad! No significará nada para la mayoría, pero oye, a mí me gusta pensar que por fin he aprendido a usar el metro. Me encanta pararme a pensar lo genial que es descubrir sola una ciudad. Sentirse independiente en la otra punta del mundo, sin nada malo en la cabeza, solo con Giuseppe en una mano y la maleta en la otra.
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