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Yo pensaba que con la de historias que iba a tener aquí para contar no me iba a llevar nada esto de escribir posts. Pero nanai. Cuando se tienen demasiadas historias la cosa se complica. Y claro, eso es lo que ha pasado esta semana. Que para 365 días que tengo aquí, ya descontando, he preferido pasarlos fuera que frente al ordenador. Y así a la hora de la verdad, por no haber escrito cada día, hay tanto que contar, pero tanto tanto, que no sé ni por dónde empezar ni con qué terminar. Todo se me olvida. Argh!

Así que siguiendo la recomendación de un amigo, he decidido contaros las pinceladas de lo que es esto en apartados. Y luego ya, ahora que estoy asentada, iré renovando día a día. Y ya sé ya sé que esta semana el blog ha estado desactivado para la mayoría, pero take it easy, todo está solucionado. Así que voilá, esto echa andar ya en serio.

La ciudad

Cuando me escribís mensajes la mayoría empezáis por preguntar como es esto, y lo primero que os digo a todos es que me encanta. Washington es grande, pero no al estilo ajetreado de Nueva York, sino en un modo relajadamente europeo. Combina los monumentos del tipo Lincoln Memorial y los edificios del gobierno con bloques de pisos normales y corrientes. Avenidas largas como Pennsylvania, con callejuelas como las de Georgetown. Oficinas modernas, con casas antiguas -todo lo antiguo que pueden ser las casas aquí, claro-. Es una mezcla que yo creo que satisface a todos.

Aunque no todo es tan bonito… Y es que una de las primeras cosas en las que me fijé fue la cantidad de vagabundos que hay en las calles, incluso en esas grandes avenidas de las que hablaba. Y quizá no tanto porque sean muchos, sino por lo mal mal que parecen estar. No sabría cómo explicarlo, pero la situación de la gente que pide en las calles de allá no tiene nada que ver con la de los vagabundos aquí. En fin… Ha sido algo que me ha hecho pensar bastante.

La gente

¡Que no! Que no están tan gordos. Y aunque sean las 12 del mediodía y haga un calor terrible siempre hay gente corriendo en alguna calle. Se mantienen en forma. ¿Y que por qué empiezo con esta estupidez? Pues porque realmente no sé si puedo decir mucho más todavía… La verdad es que no sé mucho de mis vecinos-no-J-1. Prácticamente todo el tiempo he estado con el resto de internacionales.

Mayoría asiática aplastante, por cierto, impresionante. Aunque no he tenido mucho contacto con ellos, supongo que porque uno al principio, estando perdidillo, tiende a acercarse a lo cercano y conocido. Eso sí, todos, todos, todos los asiáticos con los que he hablado, además del “Hola señorita”, lo primero que dicen es “la Liga”, y aunque algunos se decantan por el Madrid, la mayoría tienen buen criterio y son de los míos. 😉

Espero ver algún partido con ellos, pero seguro que nos acompañan los europeos, que son con los que paso la mayor parte del tiempo. Italianos muy muy italianos; franceses muy muy franceses etc. Y de este lado del charco, argentinos. Muy muy argentinos también. Creía que las únicas que no cumplimos con el tópico de nuestro país somos nosotras (Laura, de Murcia, y yo), pero se lo pregunté a los demás y me dijeron que encajamos. ¡Ouch!

La universidad

Como dijo un amigo italiano: “Ahora entiendo por qué las universidades aquí son tan caras”. ¡No paran de repartir comida gratis! En dos semanas que llevamos en el campus todos los días ha habido actividades y todos los días nos han dado de comer -no digo ya si bien o mal-. Casi no he abierto la cartera, y es que incluso fuimos a la reunión de Demócratas del campus, aunque no sé si me siento muy orgullosa de eso. Pero bueno, soy estudiante, ¿no? Hay que buscarse la vida.Y además de toda esa comida ya tengo dos bolsas llenas de merchandising de la GWU. Toallas, pelotas, bolígrafos, bolsas para hacer la colada, carpetas etc. Cosas que probablemente no necesite para nada… pero que guardaré seguro como síntoma del síndrome de Diógenes que estoy segura de que tengo.

Las actividades que han organizado han sido interesantes, aunque lo mucho a veces cansa. Ha habido teatros, bolos -en una bolera que está en uno de los edificios de la universidad, yo no daba crédito-, batallas con pistolas láser y mucho más. Y entre todas esas actividades, ayer fue el día de apuntarse a los distintos clubes. Hermandades, grupos étnicos y religiosos, deportivos etc. Yo di mi email al equipo de frisbee, al grupo que va a animar a los equipos de la universidad -no son animadoras, tranquilos-, al grupo contra la pena de muerte y al de apoyo a gays, lesbianas y transexuales -apoyo no significa que yo lo sea, puntualizo para mi ama-. Simplemente me pareció valiente que un grupo de ellos se pusieran en medio de la Universidad proclamando lo que son y pidiendo y ofreciendo apoyo.

Las clases

¡Ay qué miedo, qué miedo! No tienen nada que ver con las españolas. Y ya lo sabía, pero tienen aún menos que ver de lo que pensaba. Son mucho más participativas. Y así como en España la cosa se basa en estudiar para el examen, aquí el eje es preparar las clase de cada día y hacer trabajos. Con muchísimos libros, montañas de ellos. Y muy caros… Hasta ahí más o menos bien. Eso es lo que me esperaba. Lo que no sabía es que las clases son todas de grupos de unos 10, y que en la mayoría iba a ser yo la única de intercambio. Pero bueno, estoy muy motivada para hacerlo bien, así que a por todas.

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