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No me gusta lo de colgar banderas de los balcones ni lo de ponérselas de bufanda; pero tampoco lo de despreciarlas cuando hay para quien representan algo importante. Simplificar los razonamientos en símbolos tiene su riesgo porque quien los ve no siempre entiende qué hay detrás ni la causa de su uso. Aun así, unirse a las personas con las que se comparte algo en torno a una imagen, una fecha o un acto también tiene su punto.

Publicando la imagen de los tulipanes, se da por hecho que me uno al grupo que hoy recuerda el aniversario de la II República. Pero ojo, porque no he elegido la bandera tricolor, sino que los colores que la componen. Y eso tiene su razón de ser.

La bandera republicana representa para todo el mundo una época de la historia de España; cuando lo que aprecio yo de ese simbolismo es su utilidad para representar el sistema de gobierno republicano, que no se limita a un país ni a una época.

A pesar de que el 14 de abril sea para muchos un día para recordar el aniversario de la II República, a mí me cansa ya un poco lo de ver cómo cada año se defiende la implantación de lo que sólo es un sistema político recurriendo a los logros que se consiguieron con él en el pasado.

El argumento para defender la República no es que los años de 1931 a 1936 fueran los mejores de la historia de España, porque como en cualquier periodo, hubo fallos, y porque como en toda época, había descontentos. Tampoco lo es que el rey fuera heredero de Franco, ni que su papel sea inexistente, porque no lo es, y porque después de todo muchos aprecian su figura. Y menos aún, eso de que un país deja de ser democrático por ser monárquico. ¿Porque acaso es Venezuela un país más democrático que Reino Unido?

Hay que buscar argumentos que convenzan a todos, y esos no lo son. Lo único que debería importar es que el republicano es el sistema más justo. Nada más y nada menos. Que hoy por hoy no pueden mantenerse privilegios hereditarios y que uno de los cargos más importantes de un país no puede deberse a la suerte de nacer en determinada familia. Es igual que al rey se le suponga una neutralidad que el Presidente de una República no tiene por qué tener. Lo más importante no es que las elecciones supongan mayor gasto, ni que el procedimiento para cambiar la forma de gobierno sea muy complicado. Lo más importante es que las aspiraciones para perfeccionar el sistema estén ahí; que se intente hacer más justo en todos los ámbitos, y que aunque un cambio de forma de gobierno no sea prioritario, no se esconda en el baúl de los recuerdos por dejadez o incomodidad.

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